-Doisneau-

De haber sabido que esa era la última vez, me hubiera quedado hasta que me echaran, pero no lo supe y me escapé dos veces. La primera me fui enojada con el calesitero, porque nunca me dejó sacar la sortija. Me fui rabiosa y caminando mas rápido que ligero, por un caminito hecho a fuerza de pasos ariscos de pibes que se rebelaban contra el viejo de los juegos y salían como yo, por la parte de atrás con tal de no atravesar todo el parque. Ese caminito me llevó masticando furia y el “no vuelvo nunca mas” giró como la calesita hasta el cansancio entre mis dientes, mientras los acordes de un acordeón a piano se repetían sin cesar detrás de mi. No sé cuánto pasó, el tiempo parecía atrapado en la prisión de los dedos de un gigante en esos días, pero pasaron cumpleaños, auroritas, reyes, fiestas de escuela, anginas, amigas, primas, chinchón y ocho hermanos en casa de la abuela, matinés de domingos en el Zurro y una tarde me vi ahí parada, olvidada por completo del nunca mas volver. La música de siempre dando vueltas en el viento, el calesitero invitándome a subir.
Ya estoy grande, me acuerdo que le dije.
No pasa nada, subí que si te sacás la sortija la próxima vuelta la tenés gratis.
Y subí tentada por la remota posibilidad de un premio que nunca tuve. No busqué ni el caballito blanco, ni el barco que me encantaba, ni el avión, me quedé agarrada del pasamanos medio avergonzada. Y hasta tuve una suerte bárbara: me saqué la sortija en el primer intento, fue tan fácil, estiré la mano por encima de las otras manitos que se quedaron flotando desilusionadas en el aire y la agarré. No sentí nada de lo que siempre había imaginado, algo había pasado en el medio que había desmoronado esa emoción. Le regalé la sortija a una nena y me fui caminando despacito por el estrecho pasaje de yuyos aplastados, hecho por los pies de los ariscos. Antes de llegar a la esquina me di vuelta para mirar, no se cómo pero a escasos metros de mi llovía. No donde yo estaba, pero allí, donde la calesita giraba, llovía. La música era un fantasma húmedo, un repiquetear de gotas sobre el techo de colores y la calesita un mundo desolado que del que huí. 


13 Comentarios

  1. Parece el final de la inocencia.
    Impresiona.
    Que pena.

    Besos.

  2. roberto says:

    Otra vez la piel de gallina! me vas a matar de frio... en el alma.
    A veces se nos viene encima, no sé... una calesita, un colectivo de esos bañadera, ¿te acordás?, una montaña de gurdapolvos blancos almidonados, mil cuadernos con las puntas de las hojas hechas un rulo, la escarcha a la mañana temprano cuando ibamos para el colegio, los sabañones, un mar de lágrimas cada vez que nos teníamos que ir a dar una vacuna.
    y bueno, será que ya tenemos más recuerdos que cosas por descubrir. qué sé yo, después de todo estuvo bueno.
    Pero pasa eso, queremos huir

  3. Ah, si uno supiera cuando es la última vez de algo!!!... No interpreto el texto sólo como la pérdida de la infancia, sino como el dejar pasar las oportunidades en el momento correcto. Porque luego uno puede volver a intentarlo pero aunque lo logre, nunca tendrá el mismo sabor.

    Precioso, como siempre. Un beso grande!!!

  4. Ay la vida que da vueltas y vueltas... Tener la suerte o el acierto de coger al vuelo el afán de nuestros anhelos, o no tenerla. Pero cada vuelta tiene su momento, no hay vuelta atrás...

    Tu relato dice mucho más, pero hoy me quedo con esto que te digo, me quedo con el sonido de la calesita bajo la lluvia, y no sé si soy yo el que estoy quieto mirándola, o es ella la que se paró y me mira mientras yo sigo dando vueltas y vueltas sin parar.

    Resumiendo: que me encantó leerte.

    Un beso :)

  5. Cecy says:

    Cual será el don de las calesitas que quedan repiqueteando en nuestra memoria.
    A mi me da entre mezcla una de sensaciones. De la ternura de haber llevado a mi hijo y lo lejos que quedo mi infancia. Pero sobre todo la ilusion.
    Me gusto aunque triste.

    Un beso!

  6. Genín says:

    No deberías de haber huido ¿O Si?
    Salud y besitos

  7. Malena says:

    Estoy hecha una pavota, pero me hiciste llorar. ¿Cuándo fue la última vez que subí a una calesita? ¿Cuál fue la última película que vi con Darío, mi hermano, en el Zurro? ¿Dónde está mi aurorita naranja? ¿Cuándo dejé de ser una nena?

  8. Fiaris says:

    Tuve un tiempito y me pasé a saludarte,sabes quede reflexionando tu entrada,besos.

  9. Pato says:

    Toro, un comienzo de ese final o un darse cuenta, que es lo mismo.
    Besos


    Roberto, perdón por el frío y claro que estuvo bueno, pero la sensación es que da como temor tocarlo y que se corrompa.


    Beatríz, hablo de dos cosas en el texto de la infancia y de la falta de sabor que tienen las cosas cuando se les pasa el punto.
    Besos


    Ximo, está bueno en ocasiones quedarse afuera solo contemplando, mirando pasar, tomarse un descanso para poder seguir, qué bueno que te haya gustado, besos!


    Cecy, a mi las calesitas me encantan y a la vez me entristecen.
    Esta foto de Doisneau me parece genial, ha fotografiado mi sentimiento.
    Besos!


    Genín, no sé qué debí haber hecho, hice lo que pude ;)
    Besitos!!


    Malena, ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡YO TAMBIÉN TUVE AURORITA NARANJA!!!!!!!!
    (vos me matás) ah y creo que esa nena que fuiste, felizmente no te dejó a vos ;)
    Besos


    Fairis, gracias por pasar, qué habrás reflexionado...
    Besos

  10. Amo los tiovivos, la última vez que subí fue en uno en Plaza Cataluña,rosa y celeste como un pastel de cumpleaños, con unos caballos salidos de un cuento.Y no me dió ni pizca de verguenza, volvería a subir y cerraría los ojos para marearme un poco -y atisbar de nuevo el mundo girando alrededor- con ojos de niña,porque ese sabor que describes tan bien tiene que ver con cualquier cosa pero no con la magia-aún cabreada era magia- y el alma necesita de vez en cuando dejar de lado los habituales bocados de realidad y zamparse un pastel barroco, dulce,increíble.Ainss,besos***

  11. Pato says:

    Dalia, la vergüenza de subirme a una calesita es que yo debería tener esa edad pavota en que sos chico y te creés grande, ahora me subiría encantada en una torta de cinco pisos!!

    (tiovivo :) me encantaaaa ese nombre!!!)

    Besos.

  12. Anónimo says:

    ay!! acabamos de hablar de tantas cosas, tan rápido, tan pronto... y quise leer algo de vos...
    muchas cosas pasaron por mi mente y más allá de sentir el fluir encantador de las palabras que pocas veces me pasa, pero cuando pasa es como si degustara letra a letra, casi se me cae una lágrima...

    gracias por rescatar esos retazos de tiempo, de infancia.
    saludos

    Nina

  13. Pato says:

    Nina, bonita panzotota de futura mamá feliz, nos vemos el jueves?
    Poné hora =)

    Besos.

Gracias por tus palabras