Nada de todo lo que nos ocurre es inocente y sin consecuencias.
Vivimos en peligro. A diario tenemos experiencias innecesarias que a algunos
los dejan fuera de juego y a otros con vida. Por ahora estoy de este lado, pero
la verdad que malviviendo. Hay gente muy valiente, los felicito. Yo soy
cobarde. Soy de esa especie de bicho que se angustia, que teme, que se
persigue, que piensa mil veces antes de decir algo por temor de ofender al otro,
que se cuestiona, que se pregunta, que se inquieta, que evita el peligro, que
se llena de ansiedad, que se prende fuego frente a la injusticia, que detesta
la violencia y podría seguir diciendo qué rara avis soy, pero no es de eso que
iba este mensaje. No quiero hablar de mí. Hablo de mí porque me tengo a mano,
pero digo lo que siente mucha gente a diario. Hay miedo. Se vive con miedo. En
pos de la supervivencia, del trajín cotidiano, del no te metás porque son todos
iguales, hemos ido naturalizando cosas que no están bien.
No está bien que te tomes un tren y que corras el riesgo de morir aplastado.
No está bien que hagas una protesta y que te maten de un
tiro.
No está bien que alguien a esta altura del campeonato en
nuestro país se muera por una inundación. Se te puede estropear algo, te podés
mojar y pescar un resfrío, pero no morirte.
No está bien que se urbanicen terrenos a mansalva en pos de
negociados inmobiliarios.
No está bien que por un lado se hable de pueblos originarios
(porque si decís “indio” quedas mal, y los que rondamos los 50 a hablamos como
nos educaron, pero aún así muchos tratamos de adaptarnos) pero por el otro lado
los están matando de hambre y cagando a palos. Los derechos humanos de ellos,
no son iguales a los nuestros?
No está bien que un pibe muera en un asalto y la justicia
resuelva que el asesino no lo quiso matar. Alguien que lleva un arma cargada,
piensa usarla.
No está bien que no puedas vivir seguro. Que te levantes
cualquier día para ir a laburar y en medio de la calle tres tipos te encañonen
y te maltraten y todo lo que sigue a esa pesadilla de mierda, porque no es
justo. Porque después de eso el miedo no se te va. El miedo se va volviendo una
especie de sombra que tarda en despegarse.
Y ahí vas con miedo a tomar un tren, miedo a no ver mas a un
amigo que milita, miedo cuando tus hijos salen de noche, miedo cuando vas a la
cancha, miedo cuando entrás a tu casa, miedo cuando te cruzás con un
desconocido, miedo a una moto que pasa cerca, miedo cuando empieza a llover,
miedo cuando en un cumpleaños o en una reunión familiar decís lo que pensás, porque
de un lado o del otro te saltan a la yugular.
Miedo cuando de madrugada te despertás con un chumbo pegado
en la frente. ¿Sabés qué? Ahí estás frito.
Como en el poema de Brecht “Primero se llevaron a los
judíos, pero como yo no era judío, no me importó. Después se llevaron a los
comunistas, pero como yo no era comunista, tampoco me importó. Luego se
llevaron a los obreros, pero como yo no era obrero tampoco me importó. Más
tarde se llevaron a los intelectuales, pero como yo no era intelectual, tampoco
me importó. Después siguieron con los curas, pero como yo no era cura, tampoco
me importó. Ahora vienen a por mí, pero ya es demasiado tarde”